Historiador, poeta, prosista, periodista, dramaturgo y guionista de cine; Francisco García Jiménez, una de las plumas más elegantes del tango, nació en la ciudad de Buenos Aires el 22 de septiembre de 1899. Bandoneonista, director de orquesta y compositor; Anselmo Alfredo Aieta fue alumbrado también en la capital argentina el 5 de noviembre de 1896. Transcurriendo su adolescencia, comenzó Francisco a escribir sus exquisitos versos que, algún tiempo después, fueron publicados por "Mundo argentino"; al tiempo que Anselmo se hacía conocer en un café en Cochabamba y Piedras, adonde iba a escuchar a su gran maestro, Eduardo Arolas y a quien reemplazó cuando el apodado "Tigre del bandoneón" se fue al Armenonville con la orquesta de Roberto Firpo. En 1912 compuso su obra inicial, el tango "La primera sin tocar". Cabe agregar que su primer contacto con el instrumento que lo acompañará durante toda su vida ocurrió cuando frisaba los 10 años. Su hermano Ricardo, quien nunca se dedicó a la música, había recibido una concertina y Anselmo la tomó para dar sus primeros pasos en la música. Con el tiempo, pudo adquirir su propio bandoneón; perfeccionándose en el uso del mismo con Genaro Espósito. En 1913 reemplazó a Graciano de Leone en un trío que completaban Agustín Bardi en piano y Ricardo "Muchila" González en guitarra en el café "La buseca" en Avellaneda. Integró, además, otro terceto dirigido por el guitarrista Rafael Iriarte y que completaba Virgilio Carmona, también en guitarra. Tras tocar en otros cafés formando parte de diversos conjuntos, en 1919 ingresó a la Orquesta Canaro. Al año siguiente, García Jiménez escribió su primera letra: la de "Zorro gris". Este tango ya había sido compuesto por Rafael Tuegols, quien lo tocaba en el café "de La Paloma" y una tarde citó allí a "Paco" para pedirle que le agregara unos versos. Para el poeta, este tango fue muy importante; al punto de dedicarle un capítulo entero en su libro "Así nacieron los tangos", publicado en agosto de 1965 y de esta manera lo recordaba:
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viernes, 8 de mayo de 2026
LOS GRANDES BINOMIOS AUTORALES (II): FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ-ANSELMO AIETA (PRIMERA PARTE)
Un día de 1920, después de un tiempito sin ver a Tuegols, me dijo un amigo común:
-Rafael te espera una de estas noches en el café de La Paloma, frente a los cuarteles de Palermo. Quiere que escuches un tango que acaba de componer.
Allá fui. Tuegols tocaba con su orquesta típica en el palquito rudimentario del cafetín famoso, que, como un archimentado conventillo de Villa Crespo, tomaba su nombre de la moza que tuvo a maltraer a tantos enamorados.
...
Me senté a una mesa del café de La Paloma. Desde el palco, Tuegols me hizo un saludito con un acorde del violín, al que agregó una guiñada de entendimiento.
-¡Qué estará tramando el duende travieso de Rafael!-, pensé.
Pronto lo supe. La orquesta arrancó con el tango "El esquinazo", de Villoldo, que tiene en su desarrollo esos golpes regulados que los bailarines de antes marcaban a tacón limpio. En este caso, el conjunto de La Paloma hacía lo mismo en el piso del palquito, con tal fuerza, que las viejas tablas dejaban caer una nube de tierra sobre la máquina del café express, la caja registradora y el patrón.
Éste echaba denuestos; los de arriba seguían muy serios su tango y los parroquianos del cafetín se regocijaban. Era el Tuegols de siempre ...
Después me hizo escuchar su tango flamante. ¡Qué tangazo!... El café estaba abarrotado de público que se lo pedía insistentemente y lo aclamaba:
-¡Zorro gris!... ¡Zorro gris!... El tango tenía ya ese nombre. Me lo confirmó en la mesa cambiando optimistas impresiones. Me contó que venía gente de todos lados de la ciudad para oírlo, y continuamente llegaban colegas a pedirle copias manuscritas.
-No quería que saliera la edición de Breyer sin que vos le hicieras letra -me dijo-. Pero ya me ganaron los falsificadores ...
Efectivamente.
...
En aquel tiempo, el pujante interés que despertaba la melodía porteña, y la deficiente ley de propiedad intelectual, hacían proliferar los falsificadores de la música impresa, con el consiguiente detrimento de la percepción de derechos de autor por ese concepto. Con "Zorro gris" esa piratería llegó al summun. Hábiles y disimulados transcriptores, desde una mesa del café La Paloma, en tanto la orquesta del propio compositor lo tocaba, se adelantaron aprovechadamente con su edición clandestina a la que la Casa Breyer puso en venta legalmente... Aunque, por razones obvias, ésta tuvo el desquite de dar la primicia de los modestos versos que convertían al tango en canción:
"Cuántas noches fatídicas de vicio
tus ilusiones dulces de mujer..."
La permanencia afortunada de la melodía de "Zorro gris" en el favor popular, a través de cuarenta y cinco años, da la razón a Filiberto, que dijo en una ocasión: -Es un modelo insuperable del sentimiento lírico porteño, porque abrevó en la fuente de Betinoti, cantor legítimo del alma de Buenos Aires".
De forma contemporánea, García Jiménez y Aieta se conocieron en el "Orfeón español", ubicado en Piedras 534 y allí comenzó la gran amistad y prolífica colaboración entre ambos; probablemente, la más fecunda de toda la historia de nuestra música.
Al fallecer su madre, Aieta compuso una melodía con reminiscencias de la canción "El huérfano", original de Martín Castro y le pidió al poeta una letra que llevó título homónimo y que fuera estrenada por el conjunto de Francisco Canaro (del cual, como quedó precisado anteriormente, Anselmo formaba parte), constituyéndose en el primer registro que el gran maestro realizara para Max Glücksmann y del cual grabase cuatro tomas, siendo publicada la última (Nacional 6901a/1097-3; 1922).
Al año siguiente, Aieta se desvinculó de la orquesta y comenzó su propia senda como formador de conjuntos. Compusieron, poeta y músico, los tangos "Príncipe" (en el que también colaboró Tuegols) y "Mentirosa", ambos en 1923 y "Suerte loca" en 1924; todos grabados originalmente por Francisco Canaro en los mismos años de sus creaciones.
Pero García Jiménez hubo también de producir con otros músicos:
"Lo que fuiste" (según reza la partitura, el tango se llama "Lo que fuistes..."; llamativo en un hombre culto como él que incluyera la "ese" final en la segunda persona del pretérito perfecto simple del modo indicativo cuando en realidad no corresponde), música por Tuegols; "La última cita", con melodía por Agustín Bardi; ambos grabados de forma instrumental por la Orquesta Canaro (Nacional 6905a/1208 y Nacional 6905b/1209-1; 1923); la letra del primero fue llevada al disco por Carlos Gardel (Nacional 18090a/1581-1; 1923); "La enmascarada", con "Paquita" Bernardo y también grabado por Carlos (Nacional 18102a/1850; 1924); "La carreta", con los hermanos José y Luis Servidio; estrenado y registrado en la cera por Ignacio Corsini (Nacional 18422b/2310; 1924), "Mentiras", con Luis Minervini; grabado por Carlos Gardel (Nacional 18153b/3034-1; 1925).
En este último año, Aieta integró la "Orquesta Típica Paramount", que completaban en violines Alfredo Mazzeo y Juan D'Arienzo; en piano Ángel D'Agostino (luego reemplazado por Alfonso Lacueva) y en contrabajo José Puglisi; para actuar en el cine homónimo.
A continuación formó un sexteto que integraban, además, Juan D'Arienzo y Juan Cuervo en violines; José Navarro en segundo bandoneón, Luis Visca en piano y Alfredo Corletto en contrabajo.
1926 fue, puede afirmarse sin temor a equivocación, el año más brillante para el celebrado binomio autoral.
Compusieron juntos tres tangos que han pasado, sin excepción de ninguno de ellos, a la historia grande de nuestra música: "Bajo Belgrano"; "Siga el corso" y "Tus besos fueron míos".
Cada una de estas obras aborda puntos de vista diferentes.
El último citado, poseyendo el poeta exquisita inspiración, expresa un profundo carácter sentimental en recuerdo del amor perdido.
Tus besos fueron míos; tango (F. García Jiménez - A. A. Aieta)
Carlos Gardel
Guitarras: José Ricardo - Guillermo Barbieri
Grabado en 1926
Nacional 18172a/3964-1
(correspondiente a la segunda toma)
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