Enrique Santos Discépolo fue el más inspirado poeta del tango y que, en vez de escribir sobre vaivenes amorosos, cantos a la patria, escenas criollas o tantos otros motivos, trasladó a sus obras su particular filosofía y forma de ver la vida. Influyó decisivamente para ello, su desgraciada infancia. A la temprana edad de ocho años, ya había perdido a sus dos padres y quedado a cargo de su hermano mayor, el prestigioso dramaturgo Armando Discépolo. Portaba una tristeza estructural que, con los años, se fue exacerbando y tal sentimiento lo traslució en su obra literaria. En 1926 escribió su primera letra: el tango "Qué vachaché", estrenado sin repercusión alguna en Montevideo por Mecha Delgado con la Compañía Rioplatense de Sainetes dirigida por Ulises Favaro. Inmediatamente, lo dio a conocer en Buenos Aires Tita Merello, el 22 de marzo, durante las representaciones de la obra "Así da gusto vivir" en el teatro "Apolo"; con idéntico escaso suceso. No obstante ello; Carlos Gardel, haciendo gala de ese fino olfato que poseía para descubrir obras exitosas, lo grabó (bien que bastante tiempo después) en su segunda serie en Odeón de Barcelona, el 9 de enero de 1928 (Nacional 18233a/SO 4553). En él, Discépolo expone la crisis moral de una sociedad que da más valor a los bienes materiales que a los principios éticos atribuyendo a una mujer su desprecio hacia el hombre con estas palabras: "Lo que hace falta es empacar mucha moneda; vender el alma, rifar el corazón; tirar la poca decencia que te queda... plata, plata, plata... plata otra vez... Así es posible que morfés todos los días, tengas amigos, casa, nombre... y lo que quieras vos. El verdadero amor se ahogó en la sopa... la panza es reina y el dinero dios." Carlos registró una segunda versión en los estudios de Max Glücksmann en Buenos Aires el 20 de junio y que fue publicada bajo el mismo número de catálogo (Nacional 18233a/2796). A raíz del suceso obtenido por la venta de los discos, subsiguieron las grabaciones: Francisco Canaro con la voz de su cantante-estrella Charlo; Francisco Lomuto, instrumental; Julio Pollero, instrumental; Juan D'Arienzo, cantando Carlos Dante. Como contraposición, sus obras siguientes constaron de quejas o burlas hacia mujeres en relación con sus hombres: aquella en la cual la acusa de ladrona ("Chorra", 1928); en la que no se explica cómo alguna vez pudo enamorarse de una mujer que terminó siendo un "cachivache" ("Esta noche me emborracho", 1928); aquel hombre que quiere ocultar su pena por haber fracasado en la tarea de redimir a su mujer ("Soy un arlequín", 1929) o en la que se alegra de que ella lo haya abandonado ("Victoria", 1929). Y finalmente, la desesperanza de Discépolo alcanzó su cenit. Fue así cómo su estro imaginó uno de los tangos más importantes de toda la historia de nuestra música y al fin y al cabo, uno de los más exitosos: "Yira... yira". Fue estrenado por Sofía Bozán en ese año '29 durante las representaciones de la obra "Qué hacemos con el estadio" en el teatro Sarmiento. Ni bien dado a conocer; ya todos lo cantaban por la calle, según refirió Tania en un conocido reportaje. Y así lo inmortalizaron en discos en las tres más grandes empresas grabadoras de entonces: Nacional, Víctor y Brünswick. Carlos Gardel, Francisco Canaro con Ada Falcón y Luis Díaz, Ignacio Corsini, Sofía Bozán con el trío Delfino (Enrique Delfino en piano, Manuel Parada en guitarra y Antonio Rodio en violín), Tania con Alberto Castellanos, Pedro Maffia con Roberto Díaz, la Orquesta Típica Víctor con el dúo Gómez-Vila (Alberto Gómez-Augusto Vila), Juan Bautista "Bachicha" Deambroggio con Emilia García; le Orchestre Argentine Horacio Pettorossi, Julio De Caro con Luis Díaz y tantísimos otros que sería interminable enumerar. La magistral creación discepoliana habrá de ser inspiración para otros númenes: el meollo de "Yira...yira" (la falta de solidaridad y el egoísmo humanos) será retomado por Juan Carlos Thorry en su tango "Indiferencia" (1937):
"Pero cuando vencido y cansado tu pecho agobiado requiera bondad, volverá la cabeza la gente dando indiferente... Soledad."
"Yira... yira" fue una de las 15 obras elegidas para formar parte de los cortometrajes que Carlos Gardel filmó en los meses de octubre y noviembre de 1930. Y antes de interpretarlo, cantor y poeta sostienen un diálogo, sencillo pero admirablemente ilustrativo en el que Discépolo explica la esencia de su tango:
"Discépolo -<Carlos> Gardel -<Enrique, ¿Cómo te va?> Discépolo -<Bien. ¿Y a tí?> Gardel -<Decime, Enrique. ¿Qué has querido hacer con el tango "Yira...yira"?> Discépolo -<¿Con "Yira... yira"?> Gardel -<Eso es> Discépolo -<Una canción de soledad y desesperanza> Gardel -<Hombre, así lo he comprendido yo> Discépolo -<Por eso es que lo cantas de una manera admirable> Gardel -<Pero el personaje es un hombre bueno, ¿Verdad?> Discépolo -<Sí. Es un hombre que ha vivido la bella esperanza de la fraternidad durante cuarenta años.Y de pronto, un día, a los cuarenta años, se desayuna con que los hombres son unas fieras. Gardel -<Pero dice cosas amargas> Discépolo -<Carlos: no pretenderás que diga cosas divertidas, un hombre que ha esperado cuarenta años para desayunarse>."
Yira... yira; tango (E. S. Discépolo)
Carlos Gardel
Guitarras: José María Aguilar - Guillermo Barbieri - Ángel Domingo Riverol
Grabado el 16 de octubre de 1930
Nacional 18830a/6189